Bolivia y la nueva correlación de fuerzas

Quiero proponer una lectura del país sobre la base de un ensayo escrito por Álvaro García Linera. El mismo está incluido en el libro El Estado, campo de lucha, presentado el viernes en el Paraninfo de la UMSA.
Según García Linera, la «crisis de Estado», entendida como un tiempo de inestabilidad política e incertidumbre, se ha resuelto y estamos entrando en un periodo de estabilización de correlación de fuerzas que va a perdurar varios años. 
En este sentido, ya no habrá conflictos estructurales o proyectos de país y de poder confrontados; sino que éstos serán de baja intensidad y enfocados más a la administración,  conducción y viabilización de esta nueva dinámica.
Se trata de un ciclo que comenzó con la «guerra del agua» en el 2000; continuó con el empate catastrófico en 2003, la renovación de elites gubernamentales en enero de 2006, la construcción de un nuevo bloque de poder desde entonces, y concluyó con el punto de bifurcación, tras la convocatoria al referéndum Constituyente en octubre de 2008. En consecuencia, hoy tenemos un Estado vigoroso con fuerza política, institucional y legitimación de la ciudadanía.
Mi punto de vista:
Comparto este ciclo de crisis estatal más cuando el autor nos habla de 3 puntos de bifurcación sucedidos en los últimos 60 años. Los de 1952-1957, 1982-1988 y 2000-2008, aunque éste último posee características singulares porque incorpora nuevos actores políticos. Por ejemplo, desde que Morales está en el poder, varias organizaciones tienen representación en el Parlamento, es el caso de la Federación de Juntas Vecinales de El Alto.
Como estamos hablando de ciclos y en la lectura del Vicepresidente hemos ingresado en el periodo de estabilización, surgen los conflictos típicos entre algunos sectores de la sociedad y el Gobierno. Ahí tenemos el bloqueo por la ubicación de la planta de cítricos en Caranavi o Alto Beni y la protesta de la Central Obrera Boliviana por el aumento del 5% del salario mínimo, que a varios nos parecerá familiar. Parafraseando a García Linera, ambos se clasificarían como conflictos de «baja intensidad».
Las Elecciones del 4 de abril dibujaron un nuevo mapa político con presencia de fuerzas regionales y locales incapaces, por el momento, de construir una propuesta nacional que pueda hacerle frente al MAS, por lo que transcurrirá un buen tiempo hasta que emerja un bloque con un proyecto realmente vigoroso. Éstos, por ahora, deben ir en la línea que pregona la actual administración de gobierno, un ejemplo es el  discurso del Movimiento Sin Miedo, que hoy es un partido nacional.  
El libro es exquisito, y aunque no lo compré (me lo prestaron), recomiendo su lectura.

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